Antes de comprometerse
Cuando sea llegado el tiempo para el matrimonio, de seguro que el hermano debe tener mucho ejercicio de oración delante del Señor para no ser engañado, equivocado, decepcionado. La generalidad de los hebreos no tenían esa piedad; por la permisión de Moisés cualquier judío tomaba mujer, y si hallaba en ella algo que le desagradaba, podía darle carta de divorcio y despedirla de su casa, rompiendo en esa forma el eslabón que Dios formó; Deuteronomio 24:1-4. Era grandemente desmoralizado el matrimonio. La mujer era tenida como piltrafa del mercado que se podía devolver para vender a otro.
Un gran cambio y muy elevada responsabilidad hay en la gracia. La mujer en el matrimonio es elevada en igualdad, reina en su hogar, que se sujeta y reconoce a su marido como cabeza del hogar. El cristiano temeroso reverencia el mandamiento del Señor: "Lo que Dios juntó no lo separe el hombre". (Mateo 19:3-12)
Entonces, llegado el tiempo para el hombre casarse, procede a buscar esposa. En el Señor no es correcto que el hermano esté probando y enamorando acá y allá a muchas hermanas. El hermano busca la mujer idónea, una hermana espiritual, y la observa en sus modales y carácter, en su cuido personal sin ostentación y vanidad. Se informa si es una mujer enferma; qué reverencia muestra por la palabra de Dios en el culto. Se prueba por ciertas preguntas si es inteligente, si no tiene memoria atrasada. Con estas observaciones exteriores, se sigue a las observaciones hogareñas. No es que es un espía ni un fiscal, pero, si en una cosa de menos valor —sea una casa, un negocio o un carro que vamos a comprar— se buscan los defectos, ¡cuánto más se debe usar sabiduría para hallar la mujer que va a cooperar en mi felicidad por toda la vida!
Creo que la mujer que busca el hermano por esposo no será una niña de esas que no lavan un pañuelo y dejan la loza sucia amontonada en el fregaplato. Al llegar a la casa, el hermano se fija si la casa está barrida, si el polvo está pegado a las puertas y ventanas, si las lámparas están cubiertas de tela de araña. En cierto lugar fui con otro siervo del Señor a visitar una familia de creyentes. Llegamos a las 10:45 de la mañana. Yo conocía la familia. La casa estaba completamente sucia arriba y abajo. La señora y dos niños nos recibieron; a poco salió una señorita que me presentaron, la hija mayor del matrimonio. "¿Cuántos años tiene usted?" le pregunté. "Dieciséis años". "Oiga; ya usted es una señorita que aspira más tarde formar también un hogar. Una muchacha de su edad procura asear su casa para que sea atraído el galán que le va a elegir por esposa". A la muchacha le dio pena y quiso excusarse con los hermanitos menores, con los estudios y con los oficios. Nada de eso justifica el descuido.
"Si eso es con un kilo, ¿qué será con un quintal?" "Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su obra fuere limpia y recta". (Proverbios 20:11) Cualquier juicio ligero de estos pensamientos induce a pensar que el hermano está buscando esposa perfecta, pero lo que se busca es armonía perfecta.
Bien. Es ahora a la hermana que le toca escoger. Son varias las descalificaciones para rehusar el compromiso con un hombre. Ella lo mide por su espiritualidad; si se para en oración las noches de culto, si es precipitado o prudente en los cultos de estudio, si es descuidado en su aseo personal. El mal aliento proviene de tres factores: dientes sucios, lengua sucia y estómago perezoso. ¿Se peina? ¿Es aseado en la ropa y los zapatos? ¿Qué tal su conversación? ¿Es enfermo, es gafo? La mujer procurará que su esposa sea un poco mayor que ella, aunque hay casos de excepciones cuando la mujer es mayor que el marido y son matrimonios felices.
Estas mutuas investigaciones convienen en una prudencia santa. No es para enrrostrar a ninguno sus defectos, ya que a unos nos hizo Dios así, y a otros así.
Nunca he estado de acuerdo con esos matrimonios a prueba de tiempo, ni tampoco en las carreras para casarse sin debido entrenamiento o conocimiento exterior de caracteres y costumbres.
Si las instituciones autorizadas hicieran una investigación exhaustiva respecto al aumento del divorcio, de la inestabilidad del mutuo contrato del matrimonio, de la violación moral de la familia, y de la consecuente bancarrota moral en el futuro de los hijos, lo hallarán en esas sociedades modernas que han hecho un chantaje del matrimonio por medio de correspondencia. Miles de cartas se dirigen hoy día más o menos así: "Deseo relacionarme con fines serios con una mujer de X edad, que está resuelta a casarse pronto". "Con fines serios deseo relacionarme con caballero de X edad, soltero, etc., etc." De cierto que de esos matrimonios, cinco por cien pueden terminar bien.
Autor: Don José Naranjo, Caracas 1975
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